Así es el negocio de las webcams eróticas

Sandy es una “cam-girl”, lo que significa que utiliza la cámara web de su ordenador para ofrecer shows en vivo. A cambio, recibe dinero de los espectadores que pagan por admirar sus curvas, su sonrisa, su espectáculo. “Mi estilo es ingenuo e inocente”, dice. “Es lo que funciona para mí. Siempre gano más cuando uso trenzas”. La joven de 29 años tiene los ojos azules en un rostro de porcelana y un cuerpo delgado y delicado. Hoy Sandy lleva pantalones vaqueros y una camiseta blanca.

Nadie pensaría ni por un segundo que detrás de estas gruesas paredes vive una trabajadora erótica. Pero todas las noches, en su dormitorio, Sandy se sienta delante de su MacBook, en su cama. “En ningún otro lugar”, explica. “Es tu intimidad lo que quieren”. Almohadas florales, pieles de oveja, madera blanca: La decoración se parece más a una casa de campo que a un templo sexual en línea. Detrás del ojo indiferente de su cámara web, los fans de todo el mundo se conectan a su sala de Videochaterotico para un programa que ella describe como “sexy, sensual, divertido y burlón“. A menudo aparece en ropa interior, a veces en pijama, pero nunca desnuda y nunca sin maquillaje.

La experiencia de una webcammer real

Sandy no es una chica cualquiera, es una estrella internacional, una de las 20 profesionales mejor pagadas en su campo. “Estoy entre las cinco primeras si consideras mi categoría: no desnuda.” No desnuda, el arte de no vestirse sin mostrarlo todo. Sandy comenzó su carrera hace exactamente dos años abriendo una cuenta en una de las plataformas más grandes de su tipo, en la que están registradas más de 100.000 modelos. “Cuando me presento, a veces digo que soy una bailarina burlesca para hacer las cosas más fáciles”, explica Sandy. “Tengo miedo de que este tipo de negocios me marginen en un pueblo tan pequeño. Pero cuando lo pienso, me ha salvado la vida”.

Madre soltera, Sandy estaba desempleada en ese momento y empezó a entrar en pánico. “Solía querer ser actriz. Me encanta el teatro”, explica. “Después de obtener una licenciatura en historia del cine y sociología, escribí críticas de películas. Trabajé como reportera de prensa para eventos culturales. Incluso pensé en convertirme en periodista. Pero nada de lo que estaba haciendo me daba dinero, o si me lo daba no era mucho. Llegué a un punto en el que estaba asustada financieramente. En Suiza, las madres solteras terminan rápidamente en situaciones muy difíciles”.

Cómo hacerse webcammer

Una noche, después de ver un documental sobre las cam-girls, un gran número de hipervínculos y una buena cantidad de fascinación la llevó a la sala de chat de una de estas mujeres. Era un foro que combinaba video en vivo y mensajes de los espectadores. Estaban dispuestos a pagar en fichas (una moneda virtual usada en el sitio web) para que la mujer tarareara una canción, se quitara una prenda de ropa, susurrara unas pocas palabras en inglés, o simplemente por el placer de estar allí, sin pedir nada.

Al principio, Sandy no pensó que se atrevería a hacerlo. Pero por un impulso, dio el salto. “Creé una cuenta en cinco minutos al día siguiente. Necesitas una foto y un pasaporte. No es más complicado que alquilar tu piso en Airbnb”.

Pasó su primera hora como cam-girl completamente vestida, desatándose el pelo. Ganó 40 francos suizos (35 euros) por ello y apagó su computadora, todavía escéptica. “Era una tarde soleada. Fui a recoger a mi hijo a la escuela y fuimos a la playa. Pero después de irme a la cama, no podía dejar de pensar en ello”, recuerda. “Me di cuenta de que me encantaba hacerlo. Me gustó la creatividad de estos espectáculos: puedes hacer absolutamente lo que quieras. El formato te da una increíble libertad.”

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