Así es el negocio de las webcams eróticas

Sandy es una “cam-girl”, lo que significa que utiliza la cámara web de su ordenador para ofrecer shows en vivo. A cambio, recibe dinero de los espectadores que pagan por admirar sus curvas, su sonrisa, su espectáculo. “Mi estilo es ingenuo e inocente”, dice. “Es lo que funciona para mí. Siempre gano más cuando uso trenzas”. La joven de 29 años tiene los ojos azules en un rostro de porcelana y un cuerpo delgado y delicado. Hoy Sandy lleva pantalones vaqueros y una camiseta blanca.

Nadie pensaría ni por un segundo que detrás de estas gruesas paredes vive una trabajadora erótica. Pero todas las noches, en su dormitorio, Sandy se sienta delante de su MacBook, en su cama. “En ningún otro lugar”, explica. “Es tu intimidad lo que quieren”. Almohadas florales, pieles de oveja, madera blanca: La decoración se parece más a una casa de campo que a un templo sexual en línea. Detrás del ojo indiferente de su cámara web, los fans de todo el mundo se conectan a su sala de Videochaterotico para un programa que ella describe como “sexy, sensual, divertido y burlón“. A menudo aparece en ropa interior, a veces en pijama, pero nunca desnuda y nunca sin maquillaje.